Hace un año decidimos apuntar a Antonia a una escuela libre. Al comienzo todos tenían algo que decir al respecto. Las típicas preguntas de ¿Qué le enseñarán? ¿No le enseñan nada? ¿Aprenderá inglés? ¿A leer? La escuela de Antonia empieza a las 9:30am, aunque ella puede llegar a la hora que le apetezca, decide siempre llegar temprano. Decide si hacer o no hacer la actividad del día, decide si participar o no participar en la reunión de encuentro, etc… Sí, mi hija hace lo que le da la gana. Pero hacer lo que “le da la gana” viene de la mano con la responsabilidad de sus decisiones. Ella sabe que si decide quedarse y participar de la reunión de encuentro por las mañanas, tiene que escuchar y respetar lo que cada uno de sus compañeros comparte. Cada día aprende a manejar conflictos, tomar decisiones y asumir las consecuencias de las mismas. Antonia como cualquier niña de cinco años, tiene múltiples intereses. Cuando recién llegamos estaba interesada en astronomía porque necesitaba entender cómo en Perú es de día y aquí de noche. Le interesa también la geografía y se emociona cuando ve la infinidad de posibilidades que le da el mundo. Le fascinó la historia de Helena de Troya, aunque no entendía cómo podían hacer una guerra sólo porque Helena quería irse. -“Mamá Helena debería irse cuando quiera irse y nadie debería pelearse por eso”- Este verano las letras la captaron y decidió que aprendería a leer, la lectura le abrió un mundo nuevo, un país más intimo que va explorando poco a poco. Pero lo que más agradezco es que ha aprendido a decir “No me gusta”, “Me encanta”, “Yo quiero” a respetar su espacio, su cuerpo y sus emociones. Escribo esto porque hoy aprendió a manejar bicicleta sin ruedas, y yo como una buena madre babosa y con el corazón gigante, latiendo inmenso quiero compartirlo

Pero lo que más agradezco es que ha aprendido a decir “No me gusta”, “Me encanta”, “Yo quiero” a respetar su espacio, su cuerpo y sus emociones